Internet en estos términos plantea, de hecho, problemas nuevos, aún cuando también proporciona oportunidades significativas y valiosas. Todavía dista de ser un medio inclusivo, sobre todo desde una óptica global. Sin embargo, en la medida en que avanza hacia ello y que fomenta la expresión del individuo sin restricciones, surgen una ventaja y un inconveniente: la ventaja de contar con información de millones de procedencias y con innumerables puntos de vista, y el inconveniente de contar con información de millones de procedencias y con innumerables puntos de vista.
Quienes participan en este
entrono necesitan leer y evaluar tanto material, de fuentes tan diversas, que
se vuelve imposible para ellos sostener una actitud crítica y exigente hacia
él. Cuanto más rica la sustancia, mayor el desperdicio y el caos. El mero
caudal y cantidad de voces crea una especie de efecto nivelador; todo parece
surgir del mismo lugar y, a primera vista, nada parece mucho más confiable que
el resto. Esta circunstancia convierte la capacidad para estimar el valor y la
credibilidad del material hallado en la Internet en una habilidad esencial, si
pretendemos beneficiarnos activamente con la información a nuestro alcance.
Dados el volúmen y la variedad
de información y fuentes a las que puede accederse on line, un lector critico,
en términos generales debe ser capaz de evaluar rápidamente los niveles de
credibilidad una y otra vez. Cada nuevo participante de un debate on line, cada
nueva página web, cada nuevo e-mail origina situaciones en las que podrían
llegar a nuestra pantalla elementos falsos, peligrosos, ofensivos o inútiles. Como
veremos en detalle, una de las condiciones que impone la lectura crítica es
contar con un amplio conjunto de normas generales o heurísticas, que ofrezcan
al lector un rápido panorama sobre la clase de material con que está
tratando, aunque las aplique en forma
inconsciente como suele suceder. Es cierto que estas normas generales son
imperfectas – en el mejor de los casos constituyen aproximaciones – y siempre
se corre el riesgo de confundirse con ellas. Tal vez incluyan o excluyan
demasiado. No obstante dado el volumen de material con que se trabaja, la
necesidad de contar por lo menos con un criterio inicial, sin demoras, aun
cuando sea deficiente, se convierte en una especie de principio digital de
emergencia.
Burbules, Nicholas C., and Thomas A. Callister. Educación: riesgos y promesas de las nuevas tecnologías de la información. Buenos Aires: Granica, 2001. pág 119

